Planeta Utopía

Situación actual – Ordenador

En estos últimos años, el ordenador se ha convertido en un elemento imprescindible en la mayoría de los hogares occidentales. Un “electrodoméstico” que nos permite realizar, además de las clásicas tareas de un ordenador (trabajos de oficina, cálculo y gestión), otras más “domésticas”, como reproducir y grabar música y vídeos, organizar nuestra colección de fotos, navegar por internet, etc. Hay una verdadera “fiebre” de uso del ordenador, que en ocasiones crea incluso casos de verdadera adicción, y problemas y situaciones similares a las mencionadas en el apartado sobre la TV.

Una máquina así no podía quedar al margen de la vorágine consumista que nos invade. La fiebre de “estar a la última” sigue imparable, y nos lleva a necesitar cambiar de ordenador cada vez cada menos tiempo, por otro más potente y moderno. Por si fuera poco, los sistemas operativos están diseñados para ser más y más exigentes con el ordenador, de forma que necesitamos un ordenador muy a la última para mover el último Windows. Todo ello pese a estar comprobado que las exigencias del usuario medio respecto a la potencia del ordenador son bastante discretas.

Además, existe una práctica monopolística mundial respecto a los sistemas operativos. Microsoft ha sabido conseguir un espacio de exclusividad en el mercado mundial de los sistemas operativos, imponiéndolo, no en teoría pero sí en la práctica, en una inmensa mayoría de los ordenadores que se venden. Esta falta de libertad en el mercado impuesta, (no lo olvidemos, por una empresa privada cuyos intereses son eso, privados, no públicos), se ve agravada por lo restrictivas que son sus licencias. El windows realmente no lo compramos, sino que pagamos por un permiso de uso que no nos permite realmente ni hacer copias, ni prestárselo a nadie, ni utilizarlo en otro ordenador que no sea el nuestro. Es decir, que hemos dejado en manos de un monopolio privado el desarrollo tecnológico informático, por lo menos a nivel de programas y sistemas operativos.
Por si todo esto fuera poco, está el negocio de los virus: esos programas maliciosos que entran en nuestro ordenador a través de internet o archivos infectados, y alteran negativamente el funcionamiento de este (a veces incluso nos impiden su uso). Y también están los troyanos, esos programas que también se nos infiltran en el ordenador y hacen que este sea controlado por otro, teniendo acceso a toda la información que tengamos almacenada. Para “protegernos” de estos problemas, tenemos los antivirus; programas comerciales (con las mismas condiciones privativas de licencias que antes hemos mencionado) que atacan, desactivan dichos virus (habitualmente elaborados directa o indirectamente por las mismas empresas de antivirus) y previenen su entrada en nuestro sistema. De forma que tenemos que pagar un “tributo” (el antivirus) para tener a salvo nuestro ordenador de ataques. ¡Es la misma filosofía del miedo que se quiere introducir en nuestra sociedad en muchos otros temas!

Afortunadamente, también existe otra informática. Desde ciertos sectores “libre-pensadores” y disconformes con esta situación, se empezó a desarrollar, a primeros de los años noventa, lo que se ha denominado “software libre”: unos programas no desarrollados por la iniciativa privada respondiendo a intereses particulares, sino desde la iniciativa pública, para el interés general. Estos programas tienen una licencia pública (GPL) que permite repartirlos, distribuirlos gratuitamente, acceder a su código y modificarlos… Estos programas están desarrollados por Proyectos de voluntarios, financiados generalmente por fundaciones y por aportaciones de particulares y empresas. Son unos programas “sin garantía”; nadie garantiza al 100% que vayan a funcionar y que lo hagan correctamente. Normalmente el propio usuario resuelve sus problemas, ayudado desde las redes de usuarios que pueden encontrarse en internet.

Actualmente, es posible que todo nuestro sistema informático funcione desde la informática libre, con un sistema operativo libre (GNU/Linux), y sus correspondientes programas con los que se cubre la práctica totalidad de necesidades del usuario medio (e incluso usuarios avanzados). Estos sistemas, además, se adaptan al tipo de ordenador que se utilice, pudiendo funcionar en equipos antiguos y modestos.
Desafortunadamente, hay muchas dificultades a sortear para conseguir una normalización en su uso. La primera, es la mentalidad. Pasarse a GNU/Linux supone “dejar de confiar en los profesionales, que nos garantizan todo a cambio de dinero, y hacerlo en usted mismo y en sus colegas, donde no va a encontrar ese nivel de seguridad”. También está la dificultad que impone Microsoft, que pondrá todos los medios a su alcance para que esto no se generalice, imponiendo sus productos donde pueda, y presionando también a los fabricantes de componentes y máquinas para que no apoyen estas iniciativas.

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